Cuando suministran un sedante a la mujer que llora, al igual que el padre sobreprotector que no le permite a su hija andar en bicicleta por miedo a que se caiga y se lastime, nos dejamos atrapar por una ansiedad mal dirigida. Ponemos una armadura que nos impide sufrir, pero tampoco nos deja crecer.
Y es imprescindible que crezcamos. Toda mujer que ha dado a luz sabe cuánto se sufre al engendrar una nueva vida.
En cierto sentido, es casi tan doloroso dar a luz a un nuevo ser dentro de nosotros, madurar, perder la piel que nos protegía tan bien, atrevemos a adquirir una nueva identidad. Para muchos la adolescencia fue una época de dolor porque nacía un nuevo ser en ellos, una nueva sensación de identidad.
Y el tener que cambiar de hábitos años más tarde puede ser un suplicio igualmente doloroso y necesario.
Hay un impacto igual de doloroso como son los divorcios o la disolución de una pareja
Los adultos sufren, pero en general sobreviven intactos.Un porcentaje de los divorcios termina en una nueva unión, a menudo muy estable y gratificante. Y aun cuando ambos cónyuges no vuelvan a casarse, es común que crezcan como personas luego de superar el sufrimiento inicial.
No son pocas las mujeres que afirman que el tener que vivir la experiencia de la separación, con la angustia económica que implica, con la sensación de ser rechazada, fue doloroso, pero una vez que aceptaron el hecho se sienten más fuertes, felices e independientes que nunca. Muchas aprendieron, por necesidad, que eran más capaces de valerse por sí mismas de lo que suponían, en vez de ser la mitad de una pareja, advirtieron que eran mujeres íntegras por sí mismas.
Sin embargo los niños pequeños suelen ser más vulnerables; no tienen tanta capacidad para volver a ordenar su vida. Algunos de los efectos del divorcio son bien conocidos por todos: ............CONTINUAR